Se va abriendo con pudor como una flor al roce de un beso. Ecos de violines seducen el alma. Pintan la vitalidad en los arcos. Un aguacero de notas inunda ese verano vivaldiano que brota del corazón musical de un puñado de changuitos yerbabuenenses y tocan la sensibilidad de la autora de Seres deseantes, un libro habitado por las voces de la Orquesta Escuela Municipal de Yerba Buena. “La médula de estas crónicas musicales son los niños y jóvenes; están también todos aquellos que rodean a la orquesta con denuedo y que hacen posible su organicidad: los gestores. Los del barrio, la escuela y los que trabajan en silencio desde la Municipalidad de Yerba Buena pero también todos aquellos que con buena voluntad colaboran discretamente en lo que haya que aportar que puede ser la titánica tarea de ocuparse de la provisión de violines o el modesto, pero tan significativo quehacer, de desplegar un atril sobre un escenario”, explica Solana María Colombres, profesora de Francés que obtuvo una maestría de Literatura Comparada en París.
La docente que también incursionó en el periodismo como free lance y fue responsable del blog virtual “Mundos minúsculos” en LA GACETA, cuenta que a lo largo de un año, escuchó las historias de los chicos para entender cuál era el resorte que “la música había hecho saltar y cómo ese remolino de acordes que los había arrastrado; lejos de traer anarquía, les había ordenado su mundo, más aún, pintado de colores su panorama vital”. “Descubrir a Beethoven, Chopin, Mozart y compartir sus sones con el barrio, ha sido abatir murallas y tender puentes hacia el afuera para estos noveles músicos. Prepararse periódicamente, cargar su instrumento en el colectivo y recorrer kilómetros para llegar su epopeya silenciosa. Una epopeya hecha de infinidad de gestos cotidianos, los propios y los ajenos, que los ha disciplinado a la par que los dignificaba. Y lo más importante: los ha llenado de anhelos, ¿qué son los anhelos sino una prueba de la existencia?”, señala Colombres.
Conjugando el futuro
Seres deseantes, que tiene el patrocinio de la Municipalidad de Yerba Buena, bucea “en los movimientos, silencios y contrapuntos armonizados por la batuta de Marcelo Ruiz, creador y director de siete orquestas de las cuales dos, Abejitas y San José, son relatadas en estas páginas”. “Hay que verlos, llenando con el vigor de su música joven espacios que antes creían vedados. Hay que verlos, los ojos encendidos, dejándose abrazar por los aplausos de los auditorios. Y cuando la música deja de tocar y los familiares orgullosos los rodean mientras los cubren de selfies, hay que ver sus expresiones de ‘el esfuerzo valió la pena’. Oírlos conjugar el futuro como peces en el agua es una delicia: ‘cuando sea grande voy a tocar en Viena…’, dicen cuando sueñan con los ojos abiertos. Y tienen razón porque no hay techo, sobre todo cuando toda la trama de niños y jóvenes, de sus padres y maestros pero también de los gestores culturales se pone en marcha en pos de un mismo sueño”, comenta con inflamado entusiasmo Colombres.
“‘Somos seres deseantes, destinados a la incompletud, y es ese deseo el que nos hace caminar’, decía Jacques Lacan y por eso multiplicar los deseos de promoción humana es ayudar a caminar”, afirma Solana.
PUNTO DE VISTA
Un grano de arena
Por Fernando de la Orden, director de Cultura de Yerba Buena
La orquesta escuela municipal tiene desde sus orígenes y, hasta el día de hoy, el gran compromiso de generar espacios fundamentalmente para aquellas personas, jóvenes y niños, que no poseen el acceso ni el conocimiento para inmiscuirse y formarse en la vida artística. Trabaja en la contención social, pues siempre está presente el compromiso y el desafío. Sin duda que nos ha sorprendido por la participación de aquellos niños que fueron primero un puñado y hoy son más de 120. Cada uno con su instrumento: violines, chelos, violas, contrabajos, instrumentos de percusión y hasta un teclado. Provistos por el municipio y entregados a cada uno de ellos para que los lleven a sus casas, para generarles el sentimiento de pertenencia y afecto a ellos, que sin duda les ha producido una revolución personal, así como al entorno familiar. El trabajo inconmensurable del director Marcelo Ruiz hace que este proyecto sea viable y cada vez más grande. Somos un pequeño grano de arena en un mundo que necesita estas acciones culturales para el fomento y desarrollo social de nuestros vecinos.